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Authors: Frank McCourt

Tags: #Biografía, drama

El profesor (38 page)

Era la hora de jubilarme, de vivir con la pensión de profesor, que era menos que espléndida. Me pondré al día con los libros que no pude leer en los últimos treinta años. Pasaré horas en la Biblioteca de la calle Cuarenta y dos, el lugar que más me gusta de Nueva York, pasearé por las calles, me tomaré una cerveza en el Lion's Head, hablaré con Deacy, Duggan, Hamill, aprenderé a tocar la guitarra y cien canciones con acompañamiento, llevaré a mi hija Maggie a cenar al Village, garabatearé mis cuadernos. Puede que salga algo.

Iré tirando.

Cuando Guy Lind estaba en segundo curso, un día de aguanieve, se trajo al instituto un paraguas. En el segundo piso se encontró con un amigo que también llevaba paraguas. Se pusieron a practicar la esgrima con sus paraguas, hasta que el amigo resbaló y la punta de su paraguas atravesó el ojo de Guy y le dejó paralizado un lado del cuerpo.

Se lo llevaron al hospital Beth Israel, que estaba enfrente, y así comenzó un largo viaje de una ciudad a otra y de un país a otro. Hasta se lo llevaron a Israel, donde la guerra los hace estar al día en cuestiones de traumatología y tratamientos.

Guy volvió al instituto en silla de ruedas y con un parche negro en el ojo. Al cabo de algún tiempo se movía por los pasillos con un bastón. Por fin dejó el bastón y no se le notaba el accidente, si no fuera por el parche negro del ojo y por el brazo que le colgaba inútil sobre el pupitre.

Guy asistía a mi última clase y escuchaba a Rachel Blaustein, al otro lado del aula. Rachel hablaba de las clases de poesía de la señora Kocela, a las que asistía. Le gustaban las clases y cómo enseñaba poesía la señora Kocela, pero decía que en realidad era una pérdida de tiempo. ¿De qué iba a escribir si todo en su vida era perfecto: sus padres, felices y con éxito; Rachel, hija única y destinada a Harvard, y con una salud perfecta?

Yo le dije que podía añadir la belleza a su catálogo de perfecciones.

Ella sonrió, pero la pregunta seguía en pie. ¿De qué podía escribir?

—Ojalá tuviera yo tus problemas, Rachel —dijo uno.

Ella volvió a sonreír.

Guy contó sus experiencias de los dos últimos años. A pesar de todo lo que había tenido que pasar, no cambiaría nada. Había conocido en un hospital tras otro a personas destrozadas, enfermas, que sufrían en silencio. Dijo que todo aquello le había hecho ver su accidente desde una perspectiva distinta. Lo había hecho salir de sí mismo. No, no cambiaría nada.

Es la última clase de secundaria para ellos y para mí. Hay lágrimas y manifestaciones de asombro por el hecho de que Guy nos despide con un relato que nos recuerda que estemos agradecidos por lo que tenemos.

Suena el timbre y me cubren de confeti. Me desean que viva una buena vida. Yo les deseo lo mismo. Me marcho por el pasillo, cubierto de pintas de colores.

Alguien dice en voz alta:

—Eh, señor McCourt, debería usted escribir un libro.

18

—Lo intentaré.

NOTAS

[1]
Amadaun
o
omadhaun,
tonto en irlandés.
(N. del T.)

[2]
Expresión irlandesa tópica, usada más bien para parodiar el habla irlandesa. «A fe mía y pardiez.»
(N del T)

[3]
Nombre en yídish para la kipá, pequeña gorra ritual empleada por los varones judíos.
(N. del T.)

[4]
La confusión se debe a que
subject
significa tanto «sujeto» como «tema, asunto».
(N. del T.)

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