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Authors: Gibran Khalil Gibran

Tags: #Clásico, Fantástico, Filosofía, Relato

El loco

 

Despojados de las máscaras que ocultan nuestros sentimientos y emociones, nos enfrentamos por primera vez a las grandezas y miserias de nuestra alma. Surge entonces en cada uno de nosotros un loco dispuesto a experimentar la libertad de vivir sin pretextos ni ocultaciones, y, sobre todo, sin la necesidad de que nos comprendan, porque cuando nos comprenden, encasillan y esclavizan algo de nosotros. Y es
El loco
quien precisamente encarna ese despojamiento, quien pone al descubierto lo más hondo y subjetivo de cada uno. Aparece para recordarnos que lo esencial habita cerca de nosotros y que podemos recorrer nuestro propio camino. Cada narración constituye un mensaje muy simple, directo y no exento de ironía, destinado a hacernos reflexionar y a descubrir nuevos horizontes.

Gibran Khalil Gibran

El loco

ePUB v2.1

jugaor
07.07.12

Título original:
The Madman

Gibran Khalil Gibran, 1918.

Traducción: Fernando Aragón

Editor original: jugaor

ePub base v2.0

M
E PREGUNTAS CÓMO…

Me preguntas cómo me volví loco. Ocurrió así:

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que se habían robado todas mis máscaras, las siete máscaras que había modelado y usado en siete vidas.

Huí sin la máscara por las atestadas calles gritando: “¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!”

Hombres y mujeres se reían de mí, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mí.

Y cuando llegué a la plaza del mercado, un muchacho de pie sobre el techo de una casa, gritó: “¡Es un loco!”

Alcé la vista para mirarlo y por primera vez el sol besó mi rostro desnudo. Por primera vez el sol besó mi rostro desnudo, y mi alma se inflamó de amor por el sol y ya no deseé más mis máscaras. Como en éxtasis grité “¡Benditos, benditos sean los ladrones que me han robado mis máscaras!”

Así fue como me volví loco.

Y he hallado libertad y salvación en mi locura, la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro.

D
IOS

En tiempos muy antiguos, cuando el primer estremecimiento del lenguaje llegó a mis labios, ascendí a la montaña sagrada y hablé a Dios, diciendo “Señor, yo soy tu esclavo. Tu voluntad oculta es mi ley y te obedeceré eternamente”.

Pero Dios no respondió, y se alejó de mí como si fuera una poderosa tempestad.

Y después de mil años ascendí a la montaña sagrada y, de nuevo, hablé con Dios, diciendo: “Creador, yo soy tu creación. Del barro me formaste y a ti debo cuanto soy”.

Y Dios no respondió, y se alejó como un millar de alas veloces.

Y después de mil años trepé a la montaña sagrada y hablé con Dios otra vez, diciendo: “Padre, yo soy tu hijo. Con compasión y amor me diste nacimiento, y mediante mi amor y devoción heredaré tu reino”.

Y Dios no respondió, y se esfumó como la niebla que cubre las montañas lejanas.

Y después de mil años trepé a la montaña sagrada y, de nuevo, hablé con Dios, diciendo: “Mi Dios, mi objetivo y mi realización; yo soy tu ayer y tú eres mi mañana. Soy tu raíz en la tierra y tú eres mi flor en el cielo, juntos crecemos ante la faz del sol”.

Entonces Dios se inclinó hacia mí, y murmuró en mis oídos palabras de dulzura; y así como el mar acoge al arroyuelo que corre a su encuentro, así él me acogió.

Y cuando bajé a los valles y planicies allí también estaba Dios.

A
MIGO MÍO

Amigo mío, no soy lo que parezco. Mi apariencia no es más que el traje que visto, un traje cuidadosamente tejido que me protege a mí de tu curiosidad, y a ti de mi negligencia.

El yo que hay en mí, amigo mío, habita en la casa del silencio, y en ella vivirá para siempre inadvertido, inaccesible.

No quisiera hacerte creer en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, porque mis palabras no son sino tus propios pensamientos transformados en sonido; y mis acciones tus propias esperanzas convertidas en acción.

Cuando tú dices “El viento sopla hacia el Este” yo digo “Sí, sopla hacia el Este”; porque no quisiera hacerte saber que mi mente no medita sobre el viento, sino sobre el mar.

Tú no puedes comprender mis pensamientos marinos, ni yo quisiera hacértelos entender a ti. Preferiría estar solo con el mar.

Cuando es de día para ti, amigo mío, es de noche para mí; sin embargo incluso así, hablo del mediodía que danza sobre las colinas y de la sombra escarlata que se abre paso sigilosamente por el valle; porque tú no puedes oír los cantos de mi oscuridad ni ver mis alas golpear contra los astros. Yo no quisiera dejarte oír ni ver. Preferiría estar a solas con la noche.

Cuando tú asciendes a tu Cielo, yo desciendo a mi Infierno. Incluso entonces tú me llamas a través del infranqueable abismo “Compañero, mi camarada”, y yo te respondo: “Camarada, mi compañero”, porque no quisiera que vieses mi Infierno. La llama quemaría tus ojos y el humo inflamaría tu nariz. Y amo demasiado mi Infierno como para que tú lo visites. Preferiría estar solo en el Infierno.

Tú amas la Verdad, la Belleza y la Justicia; y yo por ti digo que es bueno y apropiado amar esas cosas. Pero en mi corazón me río de tu amor. Pero no me gustaría que vieras mi risa. Preferiría reírme solo.

Amigo mío, tú eres bueno, cauto y prudente; más aún, eres perfecto, y yo también hablo contigo sabia y cautelosamente. Y, sin embargo, estoy loco. Pero encubro mi locura. Prefiero ser loco solo.

Amigo mío, tú no eres mi amigo, pero ¿cómo hacértelo comprender? Mi camino no es tu camino, sin embargo, caminamos juntos, con las manos unidas.

E
L ESPANTAPÁJAROS

Una vez dije a un espantapájaros:

—Debes estar cansado de pasarte la vida en este campo solitario.

Y él me respondió:

—El placer de espantar es algo tan profundo y duradero que jamás me canso.

Después de reflexionar un poco, le dije:

—Es verdad, porque yo también conocí ese gozo.

Y él me respondió:

—Sólo pueden conocerlo aquellos que están rellenos de paja.

Entonces me marché, sin saber si me había elogiado o insultado.

Pasó un año durante el cual el espantapájaros se convirtió en filósofo.

Y cuando volví a pasar cerca de él, vi dos cuervos construyendo un nido debajo de su sombrero.

L
AS SONÁMBULAS

En la ciudad donde nací vivían una mujer y su hija. Las dos eran sonámbulas.

Una noche, mientras el silencio envolvía al mundo, la mujer y la hija, caminando dormidas, se encontraron en su jardín, velado por la niebla.

Habló la madre, y dijo:

—¡Al fin, al fin, mi enemiga! Aquella por quien fue destruida mi juventud, aquella que edificó su vida sobre las ruinas de la mía. ¡Ojalá pudiera matarla!

Habló la hija y dijo:

—¡Oh, mujer odiosa, vieja y egoísta, que se antepone entre mi libertad y yo! ¡Que quisiera transformar mi vida en un eco de su vida ya marchita! ¡Ojalá estuviera muerta!

En ese instante cantó un gallo, y ambas mujeres despertaron.

La madre preguntó:

—¿Eres tú, querida?

Y la hija respondió afectuosamente:

—Sí, madre.

E
L PERRO SABIO

Cierto día un perro sabio pasó cerca de un grupo de gatos.

Al aproximarse y ver que estaban muy entretenidos y no se habían dado cuenta de su presencia, se detuvo.

En ese momento un gato grande y serio se levantó, miró a los demás, y dijo:

—Orad, hermanos; y cuando hayáis rezado y vuelto a rezar, ya no tengáis dudas, entonces, en verdad, lloverán ratas.

El perro, al oír estas palabras, se rió en su corazón y se alejó diciendo:

—¡Ah, gatos ciegos y locos! ¿Acaso no está escrito y no lo he sabido yo y mis antepasados antes de mí, que lo que llueve a fuerza de oraciones, fe y súplicas, no son ratas sino huesos?

L
OS DOS EREMITAS

En una solitaria montaña vivían dos eremitas que adoraban a Dios y se amaban el uno al otro.

Los eremitas tenían una escudilla de barro, única cosa que poseían.

Un día, un mal espíritu entró en el corazón del más viejo, que acercándose al más joven le dijo:

—Hace ya mucho tiempo que vivimos juntos. Ha llegado la hora de separarnos. Dividamos nuestros bienes.

Entonces el menor de los eremitas se entristeció, y dijo:

—Me duele, hermano, que me abandones. Pero si tienes necesidad de partir, así sea.

Y trajo la escudilla de barro y se la entregó, diciendo:

—No podemos dividirla, hermano, quédate tú con ella.

Entonces el ermitaño más viejo replicó:

—No quiero caridad. No me llevaré nada que no sea mío. La escudilla debe ser dividida.

Y el más joven dijo:

—Si partimos la escudilla, ¿de qué nos servirá después a ti o a mí? Si estás de acuerdo, podríamos sortearla.

Pero el viejo eremita insistió:

—No quiero sino justicia y lo que me pertenece y no voy a confiar la justicia y lo que me pertenece a la caprichosa suerte. La escudilla debe ser dividida.

Entonces, el eremita más joven no pudo ya seguir argumentando y dijo:

—Si es tu voluntad y eso es lo que deseas, quebraremos la escudilla.

El rostro del eremita más viejo se fue oscureciendo cada vez más, y gritó:

—¡Maldito cobarde, no quieres reñir!

D
AR Y RECIBIR

Había una vez un hombre que poseía un valle lleno de agujas. Un día la madre de Jesús se acercó a él para decirle:

—Amigo, la túnica de mi hijo está desgarrada y es preciso que se la remiende antes de que él vaya al templo. ¿Puedes darme una aguja?

Y el hombre no le dio la aguja, sino un erudito discurso sobre el Dar y el Recibir, para que ella se lo enseñara a su hijo antes de que él fuera al templo.

L
OS SIETE
Y
O

En la hora más tranquila de la noche, cuando estaba ya medio dormido, mis siete YO se sentaron a conversar en voz baja.

PRIMER YO: Aquí, en este loco, he vivido todos estos años sin tener otra cosa que hacer sino renovar su dolor durante el día y recrear su tristeza por la noche. No puedo soportar más tiempo mi destino y me rebelaré.

SEGUNDO YO: Tu suerte es mejor que la mía, hermano, porque a mí se me asignó ser el YO alegre de este loco. Yo río su risa y canto sus horas felices, y con pies tres veces alados danzo sus más luminosos pensamientos. Soy yo quien debe rebelarse contra una existencia tan fatigosa.

TERCER YO: ¿Y qué tendría que decir yo, entonces, YO amoroso, encargado de la antorcha ardiente de pasiones salvajes y fantásticos deseos? Soy yo, el YO enfermo de amor, quien se rebela contra este loco.

CUARTO YO: Entre todos vosotros, yo soy el más desdichado, porque nada me fue dado sino el abominable odio y destructivo rencor. Soy yo, el YO tempestuoso, el único nacido en las negras cavernas del Infierno, quien debería protestar de tener que seguir al servicio de un loco.

QUINTO YO: No. Soy yo, el YO pensante, el YO imaginativo, el YO hambriento y sediento, el único condenado a vagar sin descanso en busca de cosas desconocidas y de cosas todavía no creadas. Soy yo y no vosotros el que debe rebelarse.

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