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Authors: George R.R. Martin

Tags: #Fantástico

Juego de Tronos (91 page)

BOOK: Juego de Tronos
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—Ser Rodrik partió directamente de Puerto Blanco hacia el norte. Lo he nombrado castellano, y le he ordenado que defienda Invernalia hasta nuestro regreso. El maestre Luwin es un consejero sabio, pero desconoce las artes de la guerra.

—Por eso no temáis, Lady Stark —resonó la voz grave del Gran Jon—. Invernalia está a salvo. Pronto le meteremos la espada por el culo a Tywin Lannister, disculpad la expresión, e iremos a la Fortaleza Roja para liberar a Ned.

—Mi señora, con vuestro permiso, quisiera haceros una pregunta. —Roose Bolton, señor de Fuerte Terror, tenía la voz aguda y débil, pero siempre que hablaba, hombres más corpulentos que él guardaban silencio para escuchar. Tenía unos ojos curiosamente claros, casi descoloridos, y su mirada resultaba incómoda—. Se dice que tenéis prisionero al hijo enano de Lord Tywin. ¿Lo habéis traído con vos? Sería un rehén excepcional.

—Tyrion Lannister estuvo en mi poder, pero ya no lo está —tuvo que admitir Catelyn. La noticia fue recibida con exclamaciones de consternación—. A mí tampoco me satisface esto, mis señores. Los dioses consideraron oportuno liberarlo, con cierta ayuda de mi estúpida hermana.

Sabía que no debía mostrar su desprecio con tanta franqueza, pero la salida del Nido de Águilas no había sido grata en modo alguno. Se había ofrecido a llevarse a Lord Robert como pupilo a Invernalia unos cuantos años. Incluso se atrevió a sugerir que le sentaría bien estar en compañía de otros niños. El estallido de ira de Lysa fue horrible.

—Aunque seas mi hermana —rugió—, si intentas arrebatarme a mi hijo, saldrás por la Puerta de la Luna. —Después de aquello, no volvieron a intercambiar palabra.

Los señores ansiaban hacerle más preguntas, pero Catelyn alzó una mano.

—Habrá tiempo para todo esto más adelante, pero el viaje me ha dejado muy fatigada. Deseo hablar a solas con mi hijo. Espero que me disculpéis, señores. —No les había dejado elección. Los vasallos, siempre con el servicial Lord Hornwood a la cabeza, hicieron una reverencia y salieron de la estancia—. Tú también, Theon —agregó al ver que Greyjoy se demoraba. El joven sonrió y se marchó.

Sobre la mesa había cerveza y queso. Catelyn llenó un cuerno, se sentó, bebió un sorbo y examinó a su hijo. Parecía más alto que la última vez que lo viera, y la sombra de barba le hacía aparentar más edad.

—Edmure tenía dieciséis años cuando se dejó crecer el bigote.

—Yo los voy a cumplir pronto —dijo Robb.

—Tienes quince años. Quince años, y ya llevas un ejército a la batalla. ¿Comprendes que tenga miedo, Robb?

—No había nadie más que pudiera hacerlo. —Él la miró, tozudo.

—¿Nadie? Dime, ¿quiénes eran esos hombres que acaban de salir? Roose Bolton, Rickard Karstark, Galbart y Robett Glover, el Gran Jon, Helman Tallhart... podrías haber delegado el mando en cualquiera de ellos. Por los dioses, hasta podrías haber enviado a Theon, por poco que me guste.

—Ninguno de ellos es un Stark —replicó él.

—Pero son hombres, Robb, curtidos en la batalla. Hace menos de un año tú jugabas aún con espadas de madera. —Catelyn vio la rabia en sus ojos, pero sólo duró un instante, y después se convirtió de nuevo en un niño.

—Lo sé —dijo, abochornado—. ¿Me vas... me vas a enviar de vuelta a Invernalia?

—Es lo que debería hacer. —Catelyn suspiró—. No tendrías que haber salido de allí. Pero ya no me atrevo. Has llegado demasiado lejos. Algún día estos hombres serán tus vasallos. Si te envío de vuelta a casa, como a un niño castigado sin cenar, lo recordarán, y se reirán de ti cuando estén bebiendo. Llegará un día en que necesites que te respeten, incluso que te teman un poco. La risa es el veneno del temor. Por mucho que desee ponerte a salvo, no te haré una cosa así.

—Te lo agradezco, Madre —dijo Robb, con una voz formal que no podía ocultar del todo el alivio.

—Eres mi primogénito, Robb. —Catelyn extendió una mano y le tocó el pelo—. Con sólo mirarte recuerdo el día en que viniste al mundo, con la cara congestionada y berreando.

—¿Sabes... lo de Padre? —Él se levantó, incómodo ante la caricia, y se acercó al fuego.
Viento Gris
restregó la cabeza contra su pierna.

—Sí. —Los informes sobre la repentina muerte de Robert y la caída en desgracia de Ned la asustaban hasta límites indecibles, pero no podía consentir que su hijo detectara el miedo que sentía—. Lord Manderly me lo comunicó cuando desembarqué en Puerto Blanco. ¿Has recibido noticias de tus hermanas?

—Llegó una carta —dijo Robb, rascando al lobo huargo bajo la mandíbula—. Había otra para ti, pero llegó a Invernalia, con la mía. —Se dirigió hacia la mesa, rebuscó entre los mapas y papeles, y sacó un pergamino arrugado—. Ésta es la que me envió a mí; no se me ocurrió traer la tuya.

El tono de voz de Robb tenía algo de preocupante. Catelyn estiró el papel y leyó. La preocupación dejó paso a la incredulidad, luego a la ira, y por fin al miedo.

—Esta carta es de Cersei, no de tu hermana —dijo cuando terminó de leerla—. El verdadero mensaje está en lo que Sansa no dice. Toda esta palabrería sobre lo bien que la tratan los Lannister... suena a amenaza envuelta en azúcar. Tienen a Sansa como rehén, y la van a conservar así.

—No menciona a Arya —señaló Robb con tristeza.

—No. —Catelyn no quería pensar en aquel momento ni en aquel lugar qué implicaba aquello.

—Tenía la esperanza... Si el Gnomo fuera aún tu prisionero, podríamos intercambiar rehenes. —Cogió la carta de Sansa y la arrugó con el puño; por su forma de hacerlo, Catelyn advirtió que no era la primera vez—. ¿Qué noticias traes del Nido de Águilas? Escribí a la tía Lysa para pedirle ayuda. Ha convocado a los vasallos de Lord Arryn, ¿lo sabías? ¿Se unirán a nosotros los caballeros del Valle?

—Sólo uno —dijo—. El mejor, mi tío... pero Brynden
el Pez Negro
es un Tully. Mi hermana no asomará la nariz más allá de su Puerta de la Sangre.

—Madre, ¿qué vamos a hacer? —Robb no había encajado bien la noticia—. He reunido un gran ejército, dieciocho mil hombres, pero no... no estoy seguro... —La miró con los ojos húmedos. El joven señor orgulloso se había desvanecido en un instante, volvía a ser un niño, un muchachito de quince años que buscaba las respuestas en su madre.

No podía ser.

—¿De qué tienes miedo, Robb? —preguntó con cariño.

—Si... —Giró la cabeza para ocultar la primera lágrima—. Si seguimos adelante... incluso si vencemos... los Lannister tienen a Sansa y a Padre. Los matarán, ¿verdad?

—Eso quieren que pensemos.

—¿Crees que mienten?

—No lo sé, Robb. Lo único que sé es que no tienes elección. Si vas a Desembarco del Rey a jurar lealtad, jamás te dejarán salir de allí. Si das media vuelta y te retiras a Invernalia, tus señores te perderán el respeto. Algunos incluso se unirían a los Lannister. Y la Reina ya no tendría nada que temer, y podría hacer lo que quisiera con sus prisioneros. Nuestra mejor opción, nuestra única opción válida, es que los derrotes en el campo de batalla. Si cogieras prisionero a Lord Tywin o al Matarreyes, se podría hacer un intercambio, pero eso no es lo básico. Mientras tengas poder y ellos te teman, Ned y tu hermana estarán a salvo. Cersei es lista; sabe que puede necesitarlos para firmar la paz si las cosas se vuelven contra ella.

—¿Y si se vuelven contra nosotros, Madre? —preguntó Robb.

—No te voy a dulcificar la verdad, Robb —dijo Catelyn, tomándole la mano—. Si pierdes, no habrá esperanza para ninguno de nosotros. Se dice que en el corazón de Roca Casterly sólo hay piedras. Recuerda el destino de los hijos de Rhaegar. —Vio miedo en los ojos jóvenes de su hijo, pero también vio fuerza.

—Entonces, no perderé —juró.

—Cuéntame lo que sepas de la batalla en las tierras del río —dijo.

Tenía que averiguar si estaba preparado de verdad.

—Hace menos de quince días hubo una batalla en las colinas, bajo el Colmillo Dorado —dijo Robb—. El tío Edmure había enviado a Lord Vance y a Lord Piper a defender el paso, pero el Matarreyes cayó sobre ellos y los puso en fuga. Lord Vance perdió la vida. Las últimas noticias son que Lord Piper regresaba para reunirse con tu hermano y el resto de los vasallos en Aguasdulces, y que Jaime Lannister le pisaba los talones. Pero eso no es lo peor. Mientras luchaban en el paso, Lord Tywin guiaba un segundo ejército Lannister desde el sur. Se dice que es aún más numeroso que las huestes de Jaime.

»Sin duda, Padre lo sabía, porque envió hombres a enfrentarse con ellos, bajo el estandarte del Rey. Entregó el mando a no sé qué señor sureño, Lord Erik, o Derik, o algo así, pero Ser Raymun Darry cabalgaba con él, y en su carta decía que iban otros caballeros y un grupo de los guardias de nuestra casa. Pero era una trampa. Lord Derik no había hecho más que cruzar el Forca Roja cuando los Lannister cayeron sobre él, sin que les importara un bledo el estandarte del Rey. Gregor Clegane los atacó por la retaguardia cuando intentaron cruzar por el Vado del Titiritero. Quizá Lord Derik y unos cuantos más consiguieran escapar, nadie lo sabe a ciencia cierta, pero Ser Raymun cayó, igual que casi todos los hombres de Invernalia. Se dice que Lord Tywin ha bloqueado el camino Real, y ahora avanza hacia el norte, hacia Harrenhal, quemándolo todo a su paso.

«Cada vez peor», pensó Catelyn. No se había imaginado que las cosas estuvieran tan mal.

—¿Piensas esperarlo aquí? —preguntó.

—Nadie cree que vayan a acercarse tanto —dijo Robb—. He enviado un mensaje a Howland Reed, el viejo amigo de Padre, en Atalaya de Aguasgrises. Si los Lannister llegan hasta el Cuello, los lacustres los harán sangrar a cada paso, pero Galbart Glover dice que Lord Tywin es demasiado listo para eso, y Roose Bolton está de acuerdo. Creen que permanecerán cerca del Tridente, y se apoderarán de los castillos de los señores del río uno a uno, hasta que Aguasdulces se encuentre solo. Tenemos que avanzar hacia el sur para enfrentarnos a ellos.

Catelyn sintió un escalofrío que le llegó hasta los huesos. ¿Qué posibilidades tenía un niño de quince años contra comandantes curtidos como Jaime y Tywin Lannister?

—¿Te parece buena idea? Aquí estás bien situado. Se dice que los antiguos Reyes en el Norte podían resistir en Foso Cailin, y defenderse de ejércitos diez veces mayores que los suyos.

—Sí, pero nos estamos quedando sin provisiones, y de esta tierra no se puede vivir. Hasta ahora esperaba a Lord Manderly, pero sus hijos ya están con nosotros; tenemos que avanzar.

Catelyn comprendió que estaba oyendo las palabras de los señores vasallos en la voz de su hijo. A lo largo de los años había recibido a muchos de ellos en Invernalia, y junto con Ned había visitado sus salones, se había sentado a sus mesas. Conocía a cada uno de aquellos hombres, sabía cómo eran. ¿Lo sabría también Robb?

Pero lo que decía tenía sentido. El ejército que había reunido su hijo no se parecía en nada a los que las Ciudades Libres mantenían, y tampoco era una hueste de mercenarios. La mayoría eran pueblo llano: granjeros, campesinos, agricultores, pescadores, pastores, hijos de taberneros, curtidores y comerciantes... junto con mercenarios y jinetes libres ansiosos por el saqueo que seguía a la batalla. Cuando sus señores los llamaban, acudían... pero no para siempre.

—Eso de avanzar está muy bien —dijo a Robb—, pero, ¿hacia dónde? Y ¿con qué objetivo? ¿Qué pretendes hacer?

—El Gran Jon cree que deberíamos sorprender a Lord Tywin —dijo Robb después de dudar un momento—, llevar la batalla hasta él, en vez de esperarlo. Pero los Glover y los Karstark creen que lo mejor sería rodear el lugar donde se encuentra su ejército y unirnos al tío Edmure contra el Matarreyes. —Se pasó los dedos por el cabello castaño despeinado; no parecía satisfecho—. Aunque, cuando lleguemos a Aguasdulces... No estoy seguro...

—Tienes que estar seguro —dijo Catelyn a su hijo—. Si no, vuelve a casa, a jugar con tu espada de madera. Delante de hombres como Roose Bolton y Rickard Karstark no puedes permitirte el lujo de parecer indeciso. No te equivoques, Robb: son tus vasallos, no tus amigos. Te has erigido en su comandante; actúa como tal.

—Como tú digas, madre. —Robb la miraba sobresaltado, como si no diera crédito a lo que oía.

—Te lo preguntaré de nuevo. ¿Qué pretendes hacer?

Robb extendió un mapa sobre la mesa. Era un trozo de cuero deshilachado, con dibujos desvaídos. Uno de los extremos se enrollaba hacia adentro. Robb le puso la daga encima para evitarlo.

—Los dos planes tienen aspectos positivos, pero... Mira, si intentamos rodear el ejército de Lord Tywin, corremos el riesgo de quedar atrapados entre él y el Matarreyes. Y si lo atacamos... Según todos los informes, cuenta con más hombres que nosotros, y tiene muchos más jinetes entre ellos. El Gran Jon dice que si lo encontramos con los calzones bajados, eso no importará, pero creo que no será fácil sorprender a un hombre que ha peleado en tantas batallas como Tywin Lannister.

—Bien —dijo ella. En la voz de su hijo, allí, ante el mapa, había ecos de la de Ned—. Sigue.

—Pienso dejar una pequeña hueste aquí para defender Foso Cailin —dijo—, sobre todo arqueros, y bajar por el camino con el resto. Pero, una vez pasemos el Cuello, quiero repartir las fuerzas en dos grupos. Los que vayan a pie podrán seguir por el camino Real, mientras nuestros jinetes cruzan el Forca Verde en los Gemelos. —Lo señaló en el mapa—. Cuando Lord Tywin reciba la noticia de que vamos hacia el sur, avanzará hacia el norte para enfrentarse al ejército principal, con lo que los jinetes podrán bajar por la orilla occidental hasta Aguasdulces. —Robb se sentó. No se atrevía a sonreír, pero parecía satisfecho consigo mismo, y deseaba con todas sus fuerzas recibir una alabanza de su madre.

—Habría un río entre los dos grupos de tu ejército —dijo Catelyn mientras examinaba el mapa con el ceño fruncido.

—Y también entre Jaime y Lord Tywin —se apresuró a señalar. La sonrisa afloró por fin—. No hay ningún cruce en el Forca Verde por encima del Vado Rubí, donde Robert consiguió la corona. No lo hay antes de los Gemelos, en la parte de arriba, y Lord Frey controla ese puente. Es vasallo de tu padre, ¿no?

«El finado Lord Frey», pensó Catelyn.

—Así es —admitió—. Pero mi padre jamás ha confiado en él. Tú tampoco deberías.

—No confiaré en él —prometió Robb—. ¿Qué opinas?

—¿Qué parte del ejército dirigirías tú? —Muy a su pesar, estaba impresionada. «Su aspecto es el de un Tully —pensó—, pero es hijo de su padre, y Ned le ha enseñado bien.»

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