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Authors: Kim Harrison

Tags: #Fantástico, Romántico

Por unos demonios más

BOOK: Por unos demonios más
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Hasta ahora Rachel ha tenido suerte. Pero ni siquiera ella se puede esconder para siempre de una catástrofe.

A pesar de salir con un vampiro y vivir con otro, Rachel Morgan, una cazarrecompensas independiente y sin miedo, además de una bruja imprudente, siempre se las ha arreglado para adelantarse a los problemas… hasta ahora.

Un desalmado asesino en serie acecha los Hollows y nadie que viva en Cincinnati o en sus alrededores (humano, no humano o no muerto) está a salvo.

Un antiguo objeto puede ser la clave para detener al asesino: una misteriosa reliquia que ahora está en manos de Rachel.

Pero revelarlo podría hacer estallar una batalla a muerte entre el amplio abanico de razas sobrenaturales que conviven en la ciudad.

Kim Harrison

Por unos demonios más

ePUB v1.0

zxcvb66
21.08.12

Título original:
For a Few Demons More

Kim Harrison, Marzo 2007.

Traducción: Laura Rodríguez Gómez

Editor original: zxcvb66 (v1.0)

ePub base v2.0

Al hombre que sabe que la

rosa es más hermosa cuando

todavía tiene espinas.

Agradecimientos

Me gustaría dar las gracias a las personas que han estado a mi lado casi desde el primer día, cuyos esfuerzos combinados y conocimiento del mundo empresarial han tenido un papel tan decisivo a la hora de llevarme hasta donde nunca había soñado: mi editora, Diana Gill, y mi agente, Richard Curtis.

1.

Dar un puñetazo a la parte de atrás de mi armario no era uno de los sueños más agradables que había tenido. En realidad me hice daño. El dolor interrumpió mi cómoda bruma somnolienta y sentí mi parte primitiva, que nunca duerme, midiendo serenamente cómo intentaba reunir fuerzas para despertarme. Con un espeluznante sentimiento de desconexión, observé lo que ocurría, incluso cómo en mi sueño arrancaba la ropa de la barra y la tiraba sobre mí cama arrugada.

Sin embargo, algo no iba bien. No me estaba despertando. El sueño no se estaba deshaciendo pasivamente en fragmentos difíciles de recordar. Entonces, sentí una sacudida y me di cuenta de que estaba consciente, pero no despierta. ¿
Qué demonios
…? Algo iba muy, pero que muy mal y mi instinto me envió una corriente de adrenalina que me atravesó pidiendo que me despertase~ pero no fue así.

Respiraba rápido y de manera irregular y, después de vaciar el armario, me tiré al suelo y golpeé con los nudillos las tablas en busca de un compartimento secreto que sabía que no estaba allí. Asustada, me armé de voluntad y me obligué a despertarme.

Sentí un intenso dolor en la frente. Me estiré en el suelo y dejé flácidos todos los músculos. Conseguí girar la cabeza, y así, en lugar de romperme la nariz, lo que sentí fue un dolor agudo en la oreja~ Mi cuerpo estaba tumbado sobre la madera dura y fría, y la notaba a través del pantalón corto de pijama y de la camiseta. Mi grito salió como un gorgoteo. ¡No podía respirar! Había algo… algo allí conmigo. En mi cabeza. ¡Intentaba poseerme!

El terror me asfixiaba como una manta. No lo veía, no lo oía y apenas podía sentirlo. Pero mi cuerpo se había convertido en un campo de batalla, uno en el que no sabía cómo ganar~ La posesión era un arte negra y yo no había recibido las clases adecuadas~
Maldita sea

se supone que mi vida no es así
!

El pánico absoluto me dio fuerzas. Intenté meter las piernas y los brazos debajo del cuerpo para impulsarme. Conseguí apoyarme en las manos y en las rodillas y luego me di un golpe contra la mesilla de noche, que cayó al suelo y fue rodando hasta el armario vacío.

El pulso me martilleaba y el miedo a ahogarme se apoderó de mí. Conseguí llegar tambaleándome hasta el pasillo pata pedir ayuda. Mi desconocido agresor y yo nos pusimos de acuerdo y trabajando juntos tomamos aire; aquel gesto se convirtió en un grito ahogado. ¿
Dónde demonios está Ivy? ¿Está sorda
? Quizá todavía no había vuelto de su misión con Jenks. Dijo que volverían tarde.

Como molesto por la cooperación, mi atacante apretó con más fuerza y yo me desplomé en el suelo. Tenía los ojos abiertos y la manta roja que formaba mi pelo quedaba entre yo y el pasillo oscuro. Había ganado. Fuese lo que fuese, había ganado y yo entré en pánico al ver cómo me iba levantando con una lentitud escalofriante. Se me pegó a la nariz el intenso aroma a ámbar quemado procedente de mi piel.

¡
No
! Grité para mis adentros… pero ni siquiera podía hablar. Quería gritar pero, en lugar de eso, mi poseedor me hizo tomar aliento tranquilamente. —
Malum
—me oí maldecir con una voz que tenía un extraño acento y una cadencia sofisticada que nunca había tenido.

Esa fue la gala que colmó el vaso. El miedo se convirtió en ira, No sabía quién estaba allí conmigo pero, fuese quien fuese, tendría que marcharse. Ahora mismo. Hacerme hablar lenguas desconocidas era de mala educación.

Me concentré y sentí el leve roce de la confusión de otra persona, Bien. Podría trabajar a partir de ahí. Antes de que el intruso se pudiese dar cuenta de lo que estaba haciendo, conecté con la línea luminosa del cementerio. Me invadió una sorpresa dura y extraña y, mientras mi agresor intentaba que me desconectase de la línea, establecí un círculo protector en mis pensamientos.

La práctica hace al maestro
, pensé con suficiencia, y luego me preparé. Esto iba a doler muchísimo.

Abrí mis pensamientos a 1a línea luminosa con una despreocupación que no había osado tener antes. Y ocurrió. La magia entró produciendo un gran estruendo, Me desbordó el chi y se derramó por mi cuerpo, quemándome 1as sinapsis y las neuronas.
Tulpa
, pensé dolorida, y la palabra abrió los canales mentales para almacenar la energía. El torrente me habría matado si no hubiese quemado ya la estela de nervios que iban de mi chi a mi mente. Gimiendo, sentí que el poder volvía a abrasarme mientras se desplazaba velozmente hada el círculo de protección de mis pensamientos, expandiéndolo como un globo. Así era como almacenaba la energía de la línea luminosa para utilizarla más tarde, pero o ese ritmo era como sumergirse en un tanque de metal fundido.

Un aullido intenso de dolor resonó en mi interior y, con un empujón mental que refleje con las manos, lo aparté de mí.

De repente sentí que un chasquido resonaba en mi interior y quedé libre de 1a presencia desconocida. Oí repicar las campanas en lo alto del campanario como si se tratase de un reflejo de mis actos.

En el pasillo, algo cayó a1 suelo y fue rodando y dando golpes hasta estamparse contra la pared situada al fondo del vestíbulo. Tomé aliento, levanté la cabeza y luego grité de dolor, Me dolía todo al moverme, Tenía demasiado poder de la línea luminosa dentro de mí. Me sentía como si se hubiese instalado en mis músculos y al utilizarlos extrajese la energía.

—¡Ay! —jadeé, consciente de que había algo al final del vestíbulo que se estaba poniendo de pie. Pero al menos ahora sabía que no estaba en mi cabeza. Me latía el corazón, y eso también dolía. Dios mío, nunca había tenido tanto poder. Y olía fatal. Apestaba a ámbar quemado. ¿
Qué demonios estaba pasando
?

Dolorida pero con determinación, apreté el círculo de protección en mi mente hasta que la energía volvió a pasar por mi chi hasta la línea luminosa. Dolía tanto como recibirla. Pero cuando destejí el siempre jamás de mis pensamientos para dejar solo lo que mi chi pudiese soportar, levanté la mirada y miré a través de mi pelo enmarañado mientras jadeaba.

Oh, Dios. Era Newt.

—¿Qué estás haciendo aquí? —dije, sintiéndome cubierta de siempre jamás. El poderoso demonio parecía confuso, pero yo todavía estaba demasiado fuera de todo como para apreciar su expresión de perplejidad: o bien era un adolescente barbilampiño o una mujer con los rasgos muy marcados. Era de constitución delgada y estaba de pie, descalzo en mi vestíbulo, entre la cocina y la sala de estar. Yo entrecerré los ojos y volví a mirar; sí, esta vez el demonio estaba de pie, no flotando, con sus largos y huesudos pies posados sobre las planchas del suelo. Entonces me pregunté cómo había conseguido Newt atacarme estando sobre suelo sagrado. Pero la extensión de la iglesia, donde estaba ahora, no estaba consagrada. Parecía desconcertado y llevaba una túnica roja que parecía una mezcla entre un kimono y lo que Lawrence de Arabia debía de ponerse en su tiempo libre.

La energía negra de la línea luminosa formó un borrón y de él surgió un báculo delgado de obsidiana en la mano de Newt, completando así la visión que recordaba de cuando había estado atrapada en siempre jamás y había tenido que comprarle un billete de vuelta a Newt. Los ojos del demonio estaban totalmente negros, incluso la parte que debería ser blanca, pero estaban más vivos que ningunos que jamás hubiese visto y me miraban sin parpadear desde los seis metros que nos separaban; seis metros de nada y una franja de suelo consagrado. Al menos, esperaba que siguiese estando consagrado.

—¿Cómo has aprendido a hacer eso? —dijo, y me quedé de piedra al escuchar su extraño acento y aquellas vocales que parecían clavarse en los pliegues de mi cerebro.

—Al —susurré, y el demonio levantó sus casi inexistentes cejas. Yo estaba apoyada contra la pared y no le quité los ojos de encima mientras me deslizaba por ella hasta ponerme de pie. No era mi intención empezar el día así. A juzgar por la luz, solo llevaba una hora dormida.

—Pero ¿qué te pasa? ¡No puedes aparecerte así sin más! —exclamé, intentando quemar algo de adrenalina mientras permanecía de pie en el vestíbulo con la minúscula camiseta y el pantalón corto que me ponía para dormir—. ¡No te ha invocado nadie! Y ¿cómo has podido tocar suelo sagrado? Los demonios no pueden tocar suelo sagrado. Está en todos los libros.

—Yo hago lo que quiero. —Newt examinó la sala de estar y tocó con el báculo el umbral como si estuviese buscando trampas—. Y si sigues haciendo suposiciones como esa, acabarás muriendo —añadió el demonio mientras se ajustaba el filamento de oro negro que brillaba al contacto con el rojo intenso de su túnica—. Yo no estaba en suelo sagrado, lo estabas tú. Y Minias… Minias dijo que yo escribí la mayoría de esos libros, así que, ¿quién sabe lo que hay de cierto en ellos?

Sus suaves facciones formaron una mueca de enfado, pero no por mí, sino hacia sí mismo.

—A veces no recuerdo bien el pasado —dijo Newt con una voz distante—. O quizá simplemente lo cambian y no me lo dicen.

El frío de las horas previas al amanecer me heló la cara. Newt estaba loco. Tenía un demonio loco en mi vestíbulo y mis compañeros de piso llegarían a casa en unos veinte minutos. ¿
Cómo algo tan poderoso como eso puede sobrevivir estando tan desequilibrado
? Pero el desequilibrio raras veces signi­fica estupidez, aunque sí el poder. Y la inteligencia. Y el ser despiadado y demoníaco.

—¿Qué quieres? —le dije mientras me preguntaba cuánto faltaba para que saliese el sol.

Con una mirada de preocupación, Newt suspiró.

—No me acuerdo —dijo por fin—. Pero tienes algo que es mío. Quiero que me lo devuelvas.

Mientras me invadía una serie de emociones desconocidas y los pensamientos de Newt se ponían en orden, entrecerré los ojos para ver mejor a través del sombrío pasillo e intentar averiguar si era macho o hembra. Los demonios podían adoptar la apariencia que deseasen. Ahora mismo Newt tenía las cejas pálidas y un tono de piel claro y totalmente perfecto. Yo diría que era hembra, pero tenía una mandíbula fuerte y aquellos pies descalzos eran demasiado huesudos para resultar bonitos. No les quedaría nada bien el esmalte de uñas.

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